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Tras deambular por las calles y conocer la fachada plateresca de la iglesia de Santa María de la Asunción o haber disfrutado de un día de deportes náuticos en el embalse de Arcos, la gastronomía arcense te da pie a reponer energía. Platos típicos que te descubren sabores de antaño Si uno quiere gozar inteligentemente de los placeres de la mesa, como propondría Epicuro, allá por el año III a.C., no tiene más remedio que pasarse por Arcos de la Frontera y degustar, en muchos de los restaurantes, bares y ventas que pueblan sus rincones comidas tradicionales y caseras, carnes a la brasa, y, por supuesto, sus productos más típicos: el ajo a la molinera, la sopa de clausura, los garbanzos con tomillo o el gazpacho serrano, sin olvidar los famosos bollos de la Semana Santa o la alboronía, un guisado de berenjenas, calabaza, pimiento y tomate, legado directo de los árabes. Para acompañar, un buen vino de la provincia es la combinación perfecta para una buena digestión. Y tras una apetitosa comida, un buen postre (y un buen recuerdo) es pasar por el convento de Las Mercedarias, el último en funcionamiento que queda en Arcos, para comprar algunos de los pasteles que elaboran artesanalmente las monjas de clausura de este lugar. Llame al timbre, diga qué desea y un aparato giratorio le dará su caja de dulces. |